La chica de la curva

La leyenda de la chica de la curva

Cuenta la leyenda que un obrero del ingenio volvía a su casa por la carretera de Tezonapa a Motzorongo después de una tarde de juerga; el día había sido lluvioso y el frío nocturno empañaba el parabrisas de aquel viejo taxi que había abordado hacía apenas unos minutos, a medida que avanzaba por la salida de la cabecera municipal se acercaba la curva del lugar conocido como Barranca Seca donde acontecería su primera experiencia sobrenatural.

Esto es una de esas historia que se cuenta a lo largo del país, con diferentes versiones y esta comparte algo en común: una joven enfundada en un vestido blanco que pide aventón en una curva. Hace algunos años tuve la grata fortuna de escuchar por primera vez este relato en la voz de mi tío Casimiro Beltrán en una de esas noches donde se va la luz y que lejos de arruinar todo la convierte en un medio donde se puede contemplar el cielo estrellado de Motzorongo y contar relatos de terror con los amigos y la familia.

Esta historia sucedió en los años sesenta, la carretera hacia Tezonapa se encontraba en pésimas condiciones, en aquellos días las corridas en autobús no eran tan frecuentes porque para transporte se utilizaba más el tren, sobre todo porque era más económico y tardaba la mitad del tiempo. En esta época el panteón comenzaba a funcionar porque anteriormente la gente que moría en el pueblo se sepultaba en el panteón Los Jobitos, hoy Jardín de la Paz en la comunidad de Presidio cuando este era parte de la Hacienda de Motzorongo.

Se hacía tarde, y el protagonista de la historia debía volver al pueblo para entrar en el turno de las diez, las gotas golpeaban con más violencia los cristales del taxi. Cuando el chofer agudizó los sentidos y redujo la marcha los faros iluminaron la figura de una chica parada en la curva, esta se encontraba empapada por la lluvia esperando inmóvil a que algún buen samaritano se apiadara y la llevara a su destino, el hombre sin dudarlo se frenó en seco y al verla tan solitaria la invitó a subir. Ella aceptó mientras se sentaba en el asiento de atrás.

La chica llevaba un bonito vestido blanco de algodón, arrugado y manchado de barro, por su apariencia parecía haber estado esperando un buen rato.

—¿Hacia a dónde va, señorita? —Preguntó dubitativo el chofer.
—Hacia allá —Respondió la chica señalando Motzorongo.

Al obrero y al taxista se les hizo muy raro que estuviera una chica tan bonita y elegante a esas horas de la noche, a ambos los había cautivado su belleza. Cuando el viaje se reanudó empezaron una distendida conversación, ella comenzó a platicarles de su familia en Motzorongo y a mencionar quiénes eran sus parientes, pero evitaba siempre la historia de cómo y por qué había llegado hasta ese lugar, todo transcurría normal hasta que al llegar por donde hoy es la Colonia Obrera la chica le dijo al chofer con voz fría que redujera la velocidad y se detuviera.

—Aquí me bajo. —Dijo la chica.

El taxista y el chofer fruncieron el ceño y se miraron extrañados porque en aquellos años en esa zona solo había maleza y maizales. El taxista siguió sus instrucciones y se orilló.

—¿Alguien te espera? —Comentó torpemente el obrero.
—Mija ¿cómo te vas a quedar aquí?, está muy feo, mejor te bajo donde haya más luz. — Dijo el taxista.

La chica se limitó a sonreírles, abrió la puerta y descendió en el acto.

—Aquí me bajo, aquí vivo. —Dijo ella cuando cerró la puerta del taxi y corrió hacia lo que ahora es el descanso del panteón.

Por el retrovisor se alcanzó a mirar cómo una figura de apariencia cadavérica flotaba cruzando el camino y se perdía entre las tumbas. Un escalofrío recorrió la espalda de los hombres y les erizó la piel, cuando giraron la vista para verla con sus propios ojos el asiento de atrás aún seguía húmedo y el miedo se adueñó de ambos. El obrero ya no quiso ir a trabajar esa noche y enfermó; el taxista, aterrado, se negó a regresar a Tezonapa hasta que amaneciera.

La leyenda dice que aquella noche fue diferente, pues por primera vez se aparecía la mujer que presuntamente fue la primera sepultada en el panteón de Motzorongo.

 

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