El episodio de la gran cacería de Motzorongo

El episodio de la gran cacería de Motzorongo

En días pasados publicamos el artículo donde nos referíamos a La industria del ramio mexicano que se dio en la Hacienda de Motzorongo, la historia relata una serie de reuniones de los integrantes de la Compañía Mexicana Agrícola e Industrial del Ramio con las altas esferas políticas y gobernantes del país, teniendo como anfitrión al General Carlos A. Pacheco.

Al finalizar las asambleas y los trabajos de revisión de las máquinas decortizadoras del ramio se llevaría a acabo una famosa cacería, la prensa nacional decía que los venados y el ramio de Motzorongo estaban indigestando al país entero, todo el mundo cavilaba sobre esto, y nadie esperaba nada bueno, pues corrían rumores de que en aquellas reuniones habría algo más que podría cambiar el rumbo de la nación.

¿A qué se refería la prensa con esto? ¿Qué escondían? ¿De qué trataron realmente aquellas reuniones en Motzorongo? ¿Cómo y cuándo fue aquella cacería? ¿Quiénes asistieron? Las respuestas a continuación en otro de esos episodios perdidos en la historia de México.

 

La gran expedición a Motzorongo.

La historia de la gran cacería se remonta al año de 1890, cuando en el mes de agosto planeaba organizarse en el estado de Coahuila en un lugar llamado cañón de Santa Clara. En aquellos días el General Manuel González había enviado ojeadores a explorar el lugar donde encontraron abundancia de oso plateado, de tal ferocidad y bravura que en cuanto vieron a los mozos se les fueron encima. Sin embargo, al principio se pensó que la cacería se efectuaría en aquel lugar pero la gran distancia con el centro del país hizo finalmente abandonar la idea, optándose por Motzorongo.

Porfirio Díaz.

Porfirio Díaz.

Fue así como el General Carlos A. Pacheco aprovechó la situación para convocar a un asamblea por parte de la Secretaría de Fomento, citando en un principio a los hombres de negocios más expertos y acaudalados de la Ciudad de México con el objeto de hacerles conocer la importancia de la cultura del ramio, al igual a que los fundadores de la Compañía Mexicana Agrícola e Industrial del Ramio y al Presidente Porfirio Díaz, quien también era presidente honorario de esta sociedad.

El objeto principal de esta expedición consistía en que los invitados presenciaran las experiencias que con diversas máquinas decortizadoras se harían, para extraer el filamento del ramio, valiosísima planta que en grande escala se estaba cultivando en la posesión del General Pacheco, Ministro de Fomento, y que es el artículo que ofrecería una perspectiva más brillante a la riqueza nacional.

Mientras tanto, en la Hacienda de Motzorongo el General Pacheco había trabajado muy duro para establecer en la República la primera negociación del ramio trayendo la mejor semilla mucho tiempo ante de organizarse la Compañía, obteniendo un éxito sorprendente. Lo verdaderamente difícil para la Compañía era la elección del procedimiento para extraer de su tallo la fibra y beneficiarla. La Compañía comprendió que en una empresa nueva, no solo para México, sino para todo el continente americano y para la Europa, debía de marchar con pies de plomo y cabeza muy despejada. El General Pacheco escuchó a cuantos inventores de máquina se dirigieron a la Compañía; investigó, buscó, preguntó, pidió informes en todo el mundo para saber cuál era la mejor máquina o el mejor procedimiento de extracción y beneficio de la fibra, y llegó a reunir y a someter a su estudio nueve máquinas de diversos sistemas e inventores que se ofrecían como las mejores. Se preparaba a estudiar la décima, inventada por el Sr. General Swell, cuando distinguido e inteligente personaje avisó desde los Estados Unidos al Sr. General Pacheco, que aun cuando su máquina estaba sobre todas las conocidas hasta el día, nada valía comparada con el Digestor, aparato inventado por el Sr. Walter Forbes. La Compañía, habiendo hecho trato con el Sr. Forbes bajo condiciones que son del caso exponer, hizo construir los aparatos que componen el Digestor en los Estados Unidos, e hizo además venir a la República al Sr. Forbes con un ingeniero mecánico, bajo cuya dirección se construyeron dichos aparatos. Instalados estos en Motzorongo en su edificio especial y en el menor tiempo posible, había llegado la hora de hacer la gran experiencia que debe decidir no solamente del porvenir de la Compañía, sino del inmediato de la República Mexicana. Tan pronto como terminó la instalación del Digestor, la Compañía Mexicana Agrícola e Industrial del Ramio, se dirigió a su presidente el Sr. General Díaz; para que dispusiera qué día debían verificarse a su presencia las necesarias experiencias.

Cazadores.

Cazadores.

El Sr. General Díaz manifestó al Consejo de Administración de la Compañía, que, comprendiendo en toda su extensión lo que significaba para el porvenir nacional, el establecimiento definitivo y acreditado de la cultura del ramio en México, consideraba de su deber ir hasta Motzorongo a presenciar las experiencias, y que deseando que su resultado satisfactorio fuera conocido en todo el país, se proponía invitar algunos Gobernadores de los Estados y personas prominentes de estos y de la capital, con el fin de excitándose su patriotismo contribuyeran con él a propagar el conocimiento de las grandes ventajas de la cultura del ramio y a impulsar su desarrollo inmediato en toda la República, valiéndose de los medios legítimos que se puede disponer el poder en constante armonía con el capital dirigido por personas inteligentes, honradas y patriotas. Por tal motivo el Sr. Gral. Porfirio Díaz viajaría a Motzorongo, y a sabiendas de la gran cacería que se llevaría a cabo después de las reuniones de estudio, envió una invitación dirigida a algunos de sus amigos, y decía:

México, Enero 29 de 1891.
Señor […], mi estimado amigo:
Según los estudios practicados hasta ahora en Motzorongo en el cultivo del ramio y depuración de su filamento, dicho cultivo constituye una industria tan fructífera como no lo ha sido hasta hoy ninguna en el país, incluso la explotación de metales preciosos; y aunque esos estudios tienen por base el costo del cultivo, flete y limpieza y el precio de plaza que el filamento tiene en Europa, sus resultados son tan ventajosos que me atrevo a darlos a conocer a nuestros compatriotas invitándolos a la adopción de esa industria; pero antes deseo que personas como usted, bajo todos aspectos competentes, me ayuden a ratificar los estudios con su respetable criterio. A este efecto, me permito invitar a usted para una expedición de cuatro o cinco días al lugar expresado, suplicándole que si se sirve deferir a mi invitación, concurra el 11 del entrante a la estación del Ferrocarril Mexicano en Buenavista a las ocho y media de la noche, hora señalada para la partida del tren. Sabe usted que lo aprecia su amigo afectísimo y servidor.
— Porfirio Díaz.

No obstante, la cacería fue desde un principio criticada, como por ejemplo el Sr. Coronel Garza Galán declaró que no tendría éxito porque ni se conocía el terreno donde esta iba a tener lugar ni tampoco habían tenido tiempo para enviar a explorar el lugar, y, por lo mismo, temía que en esas regiones no hubiera oportunidad de encontrar la caza mayor.

Pero, ¿entonces por qué en todo el país se hablaba sobre la gran cacería de Motzorongo? La respuesta es muy sencilla, la prensa de aquella época creía que en aquel evento se ocultaba algo más gordo, pues aseguraban que Porfirio Díaz quería renunciar a la Presidencia de México por algunos meses, por lo que reuniría en Motzorongo a todos los Gobernadores del país y otros posibles candidatos para sucederlo. Esto, era pues, algo histórico.

 

Los preparativos en La Hacienda de Motzorongo.

Motzorongo está situado en una especie de plazoleta rodeada de montañas, y es atravesado por un río que va a reunirse al Río Tonto que desemboca en el Papaloapan. La vegetación es exuberante y en las montañas se admira la fronda en todo esplendor.

Porfirio Díaz.

Porfirio Díaz.

En la Hacienda de Motzorongo existen varios edificios, todos nuevos. Cerca de ellos se han montado, para la ocasión, campamentos militares que salvaguardan la integridad de la élite política que arribará a este lugar. El campamento militar Rocha estaba pintoresco: bajo una frondosa ceiba estaban colocadas, formando triángulo, tres tiendas de campaña, y más allá la cocina. Este campamento estaba junto a lo que hoy es la galera de la Colonia de Empleados, y desde luego se comprendía que era militar, pues por bajo la ceiba, por la cocina y por las tiendas, soldados uniformados limpiaban diversas armas. Contiguo a este campamento y hacia el cerro estaba el campamento fronterizo Garza Galán que se distinguía también porque fuera de las tiendas había colgada carne de carnero y res, tripas y otras carnes. Había también el campamento rústico en lo que hoy es el barrio La Soledad, que estaba primoroso, formado con madera, con su preciosa fachada con columnas estilo gótico, todo formado con pencas de diversas clases de maguey y diversas plantas parásitas. Por la noche aumentaba su hermoso aspecto, porque en las puertas tenía pegados papeles de China de diversos colores. Ese campamento tenía un piso superior y en la parte céntrica de él un escudo en el cual descansaba un asta bandera.

El General Carlos A. Pacheco había hecho una serie de modificaciones en su hacienda para que estuviera a la altura del evento y ha mandado construir un hotel (que aun se conserva hasta nuestros días), en el que hay sesenta y cuatro camas, y el cual después de servir para los invitados a la cacería, se pondrá al servicio público. También se ha construido una casa para que habite el Sr. Gral. Porfirio Díaz, es de madera también, de bonito aspecto, compuesta de dos pisos, con mirados en el primero y en el segundo, y dos pabellones hacia los lados, todo pintado con vivos colores.

Igualmente se ha puesto una oficina provisional de telégrafos, junto a las chozas de lo que hoy son las oficinas de Central Motzorongo, y hay una serie de edificios de mampostería en construcción.

Músicos del 1er. Batallón de Artilleros.

Músicos del 1er. Batallón de Artilleros.

La estación del ferrocarril en la que arribará la comitiva, gobernantes e invitados y amigos del Presidente Porfirio Díaz, está formada de mampostería, de dos pisos, y allí estuvo alojado el cantón veracruzano; en la parte superior tiene un gran salón y varios departamentos. Junto a ella se encuentra una torre de mampostería donde está colocado un buen reloj.

El Sr. Carlos Collins, electricista, fue el encargado de establecer un dínamo para la luz eléctrica, colocándose varios focos tanto en las risueñas calles así como en los edificios: este caballero merece mención especial, porque en muy pocos días y tropezando con varias dificultades logró establecer ese servicio de alumbrado.

Y para lo principal del viaje de estudio, el General Pacheco había mandado a construir una gran galera donde estaban colocadas las máquinas de decortización, los caloríferos y tinacos para desgomar el ramio; este departamento era bastante amplio, constaba de dos grandes galeras y un segundo piso, que serían demolidos en los años 20. Contiguo a este edificio estaba el depósito de ramio, estos dos departamentos son de madera y están igualmente pintados con vivos colores. Así pues, los invitados estarían por llegar y la bella Motzorongo los recibía con los brazos abiertos.

 

La gran cacería y el banquete de despedida.

A las nueve de la noche del miércoles 11 de febrero de 1891 partieron a Motzorongo de la estación de Buenavista en un tren especial que dispuso la empresa del Ferrocarril de Veracruz, las siguientes personas: Sres. Presidente Porfirio Díaz y su hijo, Porfirito, General Manuel González, General Carlos A. Pacheco, General Carlos Diez Gutiérrez, Ingeniero Alejandro Prieto, General Rosendo Márquez, Rafael Cravioto, General Juan N. Méndez, General Gerónimo Treviño, General Ángel Martínez, General Francisco Naranjo, Coronel José Vicente Villada, Manuel Fernández Leal, Coronel Próspero Cahuantzi, Lic. Carlos Rivas, Cayetano A. Neve, Ignacio Rivero, I. Sienoret, Rodolfo Segura, Estanislao Velasco, Valentín Uhink, Saturnino Sauto, Agustín Cerdán, L. Cabrera, I. Basagoiti, Ingeniero Mariano Bárcena, Iñigo Noriega, Telésforo García, Francisco G. Cosmes, Paul Rousseau, Sebastián Camacho, Cardeña Braniff, Senador Joaquín F. Redo, Francisco Poceros, Joaquín Díaz Tezanos, F. Mendizábal, Jorge P. Carmona, Bousquet, D’Alvey, L. Jacobi, José Gargolla, Luis Salazar, Víctor M. Venegas, Luis Chausal, Roberto Gorsuch, J.D. Tejanos, Fonstoni, Adolfo Morín, José Gargollo, Luis Eirale, Gustavo Esteva, Donaciano Lara, Eduardo Dondé, Alberto Sansot, Francisco Lara, E. Gutiérrez, Enrique Soto Cortina, Ricardo Segura, Pedro J. Santíes, Everardo Hegewisch, G.H. Diquet, Sr. Altamirano, Antonio Basagoiti, Diputado Juan Chátaro Soler, Jorge Dounes, Luis Méndez, Demetrio Salazar, Francisco Búlnes, Roberto Santa María, Luis G. Lavy, Miguel Rul, Rafael Dondé, Antonio Escandón, Lic. Manuel Romero Rubio, Manuel Carrere encargado de negocios de España; Jesús Aréchiga, Martín González, Alberto Escobar, Coronel José María Garza Galán, Doctores Ricardo Egea y Manuel Flores, Sr. Branifi, Ricardo Múgica y el Sr. Cónsul de Inglaterra, Lionel Carden.

Algunos de los asistentes a la cacería.

Algunos de los asistentes a la cacería.

El tren se arregló de la manera siguiente: locomotora No. 40; furgón de equipajes No. 5, con una escolta compuesta de un teniente, un sargento 2do. y 10 hombres del Cuerpo de Gendarmes del Ejército; un pequeño vagón de 12 asientos; otro vagón de 1ra. clase; hermoso coche dormitorio con el nombre de Sabinas, perteneciente al Ferrocarril Internacional; otro de la misma empresa, con el nombre de Tallulah y, por último, el carro Pullman No. 100 de la empresa del Mexicano. Luego que se puso en marcha fue saludado con el Himno Nacional, así como por las muchas personas que concurrieron a la estación. Un día después partieron para la Hacienda de Motzorongo los señores ministros de gobernación y Gobernador del Distrito, quienes por graves ocupaciones no pudieron ir en el tren especial.

Descarrilamiento del tren de los Gobernadores.

Descarrilamiento del tren de los Gobernadores.

Esa misma noche ocurriría un accidente en otro tren donde venían los señores gobernadores que descarriló antes de llegar a su destino, en lo que hoy es Omealca. La única desgracia qué lamentar fue la fractura del brazo que sufrió el Sr. Leopoldo Romano, quien en aquel entonces estaba al mando de la Jefatura Política y Comandancia Militar de Nayarit.

Una vez realizadas las primeras asambleas, el día sábado 14 se hizo la revisión de las máquinas tanto con ramio verde como con seco. Porfirio Díaz estuvo atento a los experimentos, e indicó su opinión a uno de los ingenieros encargados del movimiento de la máquina, haciendo algunas indicaciones respecto a las reformas que en su concepto necesitan hacerse, cuyas indicaciones fueron aprobadas por el facultativo. La verdad es que el Sr. General Pacheco había obrado con una actividad admirable y aprovechó la ocasión para informar sus planes de establecerse también un ingenio azucarero, y para ello contaba ya con la maquinaria necesaria, pues según manifestó el Sr. Secretario de Fomento había bajado hasta la fecha por el Ferrocarril Agrícola cerca de 7 mil toneladas de maquinaria y fierro.

La cacería estaba planeada a realizarse una vez terminaran las actividades de revisión de la maquinaria, sin embargo, aquella mañana continuaba un norte en toda su plenitud: los cerros y bosques inexpugnables que rodean a Motzorongo estaban cubiertos de neblina y una menuda y helada lluvia caía sin cesar. No obstante, el aspecto de la nueva finca agrícola era de lo más encantador. La gran cacería de Motzorongo finalmente se llevaría a cabo el domingo 15 de febrero de 1891, inició con la música militar del 1er. Batallón de Artilleros en el sitio de partida hacia el mediodía, para luego explorar las selvas vírgenes y montañas dentro de los límites de Motzorongo. Los excursionistas se dividieron en varios grupos en busca de tapires, tigres y venados.

En la planta alta de este edificio se llevó a cabo el gran banquete.

En la planta alta de este edificio se llevó a cabo el gran banquete.

Por la noche el General Carlos A. Pacheco ofreció un banquete a los asistentes en honor del Sr. Porfirio Díaz, la comida se sirvió en el salón del segundo piso de la estación del ferrocarril. He aquí los nombres de las personas que tomaron asiento en la mesa: Sr. General Don Porfirio Díaz, teniendo a su derecha al Sr. Lic. Manuel Romero Rubio y Gral. Juan de la Luz Enríquez quien era el Gobernador de Veracruz, e indistintamente los Sres. Manuel Carrere, encargado de negocios de España, Gral. Carlos Díez Gutiérrez, Gral. Martín González, Lionel Carden Cónsul de Inglaterra, Diputado Juan Chátaro Soler, Doctor Manuel Flores, Saturnino Sauto, Antonio Sánchez Esteva, jefe político de Xalapa, Guillermo A. Vélez, de Veracruz, Manuel Acevedo de Orizaba, Pascual Villaraos, de Huatusco, y Don Miguel Cid de León, de Zongolica; Luis Del Valle, diputado a la legislatura de Veracruz; Donaciano Lara, Eduardo Dondé, Manuel Levi, tesorero general del Estado; Ricardo Segura, Daniel Pesado, Nicolás R. Campillo, 2do. jefe de los rurales del Estado; Daniel A. Mirón, Juan Pablo Sentica, Agustín Canseco, Mucio Pereda, Francisco Lara, Ramón Mantilla Ortíz, Everardo Egewich, director del diario La Semana Mercantil, Pedro Covula, hijo del secretario particular del Sr. General Enríquez, Don Gustavo A. Esteva y otros más. La mesa estaba primorosa, adornada con bouquets de gardenias y flores tropicales. La comida se sirvió bajo el siguiente menú:

MENÚ.
Sopa de pescado a la Veracruzana.
———
Bobo entomatado.
Adobo de gallina.
Pescado tatemado.
———
Mondongo a la Veracruzana.
———
Ternera asada.
Frijoles refritos.
———
Gelatinas, dulces, frutas.
———
Vinos y licores:
Cognac, Tinto, Champagne.
———
Café de Córdoba.

Todos los manjares estuvieron muy bien condimentados y los comensales, comenzando por el Gral. Díaz, les hicieron honores y les tributaron elogios.

El banquete ofrecido en honor de Porfirio Díaz.

El banquete ofrecido en honor de Porfirio Díaz.

A la hora del champagne se pronunciaron varios brindis que fueron calurosamente aplaudidos, entre los cuales uno del Presidente refiriéndose a los rumores sobre su renuncia a la Presidencia de la que tanto había hablado la prensa, en aquel discurso pudo compendiarse lo siguiente: “Hermanos, la torta es una, y… ustedes son muchos. Que todos los que lo pretenden sean Presidentes de la República, no es posible. Necesario que se conformen con acatar mi determinación; que me ayuden a elegir el que yo quiero; que me ayuden a dorar la píldora al pueblo mexicano, aunque esto casi no es necesario, sino por mera fórmula. Si son dóciles y buenos, seguirán gozando de las franquicias y canónigas que hasta hoy les he concedido y tolerado; pero si toman pretexto de mi descenso de la Presidencia para armarme mitotitos y trastornar la paz, sabrán que la única facultad que me reservo será la de hacer matar como un perro al revoltoso, y ya saben por experiencia que lo haré como lo digo…”

El gran banquete.

El gran banquete.

Luego de aquella reunión histórica, el día 16 de febrero Porfirio Díaz salió en el tren de la estación de Motzorongo con rumbo a Córdoba a las 7 p.m. Algunos otros excursionistas quedaron maravillados con la zona que el señor Ministro de Gobernación y demás personas que lo acompañaron antes de irse, se detuvieron otro rato en Presidio, internándose en uno de los montes a dar una batida express.

El día 18 de febrero el Presidente llegó de vuelta a la capital a las 8 y 25 minutos. Al llegar, los músicos entonaron nuestro entusiasta Himno Nacional, y al mismo tiempo, la batería situada en la calle de la Exposión, hizo una salva de veintiún disparos. El tren estaba compuesto de la locomotora Texcoco No. 35, un coche correo para equipajes, carro Pullman No. 10, Pullman O. 3 y Pullman S. 5. Los militares formaron valla a uno y otro del pasillo y por ahí pasó la comitiva, siendo saludados a los señores jefes y oficiales por el magistrado del país.

Concluyendo, así, un capítulo fugaz pero realmente histórico y relevante para la naciente pero ya muy famosa Hacienda de Motzorongo.

 

Fuentes e Ilustraciones:

Diario “La Patria”, pag. 3, Agosto 15 de 1890.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pag. 2, Enero 19 de 1891.
Diario “El Correo Español”, pag. 2, Enero 22 de 1891.
Diario “La Patria”, pag. 3. Enero 23 de 1891.
Diario “Diario del Hogar”, pag. 2, Enero 23 de 1891.
Diario “La Patria”, pag. 2, Enero 25 de 1891.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pag. 3, Enero 28 de 1891.
Diario “El Mundo”, pag. 3, Enero 29 de 1891.
Diario “El Mundo”, pag. 3, Enero 30 de 1891.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pag. 1, Tomo 99, Num. 15,912, Febrero 4 de 1891.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pag. 4, Febrero 6 de 1891.
Diario “El Municipio Libre”, pag. 3, Febrero 10 de 1891.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pag. 3, Febrero 13 de 1891.
Diario “La Patria”, pag. 2, Febrero 14 de 1891.
Diario “La Voz de México”, pag. 3, Febrero 15 de 1891.
Diario “El Siglo Diez y Nueve”, pág. 3, Febrero 17 de 1891.
Diario “El Nacional”, pag. 2, Febrero 18 de 1891.
Diario “La Patria”, pag. 2, Febrero 20 de 1891.
Diario “El Amigo de la Verdad”, Tomo V, Número 60, Febrero 28 de 1891.
Diario “El Amigo de la Verdad”, pag. 2, Abril 11 de 1891.
Diario “Diario del Hogar”, fundado por Filomeno Mata, Número 178, Año X, Abril 11 de 1891.
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