La ermita de Motzorongo

El festejo a la virgen de Guadalupe en el barrio El Nido, lo inició la señora Rosenda Martínez, quien llegó a vivir al pueblo en 1940, en las casas que estaban ubicadas en el centro de la carretera estatal, y en el lugar que hoy ocupa la ermita, estaba un enorme árbol de aguacate que cada 11 y 12 de diciembre las familias de los obreros se congregaban para celebrarla.

La primera imagen de la virgen de Guadalupe, la tía Chenda, así era llamada, enmarcó la primera imagen, la cual recortó de un calendario, que aun está intacto en manos de su hija Rita Jiménez.

Posteriormente a los 7 años de este festejo, se formó un comité lidereado por la señora Elenita de la Cueva de Aguilar, que inició con la recolección de dinero para la construcción y compra de la imagen en bulto de la guadalupana, ya que esta señora era gran devota de ella y padecía el mal de Paget, que la obligaba a usar un tacón más alto que otro, y se apoyaba en un bastón.

La señora dejó el bastón dentro del nicho de la Virgen, cuando se inauguró la ermita, porque dijo que gracias a la guadalupana se había compuesto y podía caminar sin la ayuda de éste, desde entonces cada víspera de la fiesta, el día por la noche, el sindicato de obreros del ingenio Central Motzorongo le lleva su ofrenda, cuya imagen es la protectora de los trabajadores, porque está ubicada frente a la factoría.

Una ocasión la imagen fue víctima de un acto vandálico, cuyo cristal del nicho fue roto por una enorme pedrada que le aventó un persona que se encontraba alcoholizada, pero afortunadamente las personas del barrio se unieron y se logró reparar, asimismo la imagen ha sido retocada varias veces, debido a que por las inclemencias del tiempo han dejado su huella.

Con respecto al bastón, éste ha causado mucha polémica que haya desaparecido de este lugar, donde estuvo resguardado por varios años, pero el hijo de Elenita de la Cueva, Gabriel Aguilar declaró que él lo tiene en su poder, ya que lo tomó prestado por se encuentra enfermo de una pierna, debido a un golpe que sufrió, pero prometió devolverlo.

 

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Autor: Liliana Sánchez