Los secretos del panteón de Motzorongo

Los secretos del panteón de Motzorongo

La muerte es un hecho que en la cultura mexicana tiene una importancia y tratamiento muy relevante y especial, pues se le honra. En Motzorongo, la mayoría de los habitantes hemos visitado alguna vez el cementerio, sobre todo en el día de muertos y de los fieles difuntos, pero generalmente se desconocen ciertos hechos históricos y curiosidades sobre su fundación.

¿Te has preguntado quién fue la primera persona sepultada en este lugar? ¿Dónde se enterraban originalmente antes de inaugurarse el panteón? ¿Cómo eran los funerales de aquella época? ¿Qué significa la enorme cruz de hierro sobre la loma del panteón? ¿Qué personajes fueron enterrados en este lugar? En las próximas líneas descubrirás cada una de estas incógnitas para que la siguiente vez que te encuentres en este lugar lo veas con una perspectiva distinta.

 

Funerales mazatecas en la Hacienda de Motzorongo.

Al fundarse la Hacienda de Motzorongo casi a finales del siglo XIX, se destinó un terreno para ser utilizado exclusivamente como cementerio, este lugar se encontraba muy retirado al norte de la hacienda y aproximadamente a 6 kilómetros de la casa grande del General Pacheco. Aquel panteón, originalmente llamado Los Jobitos, todavía se encuentra en la entrada de Presidio junto al camino que comunica con Paraíso, y en la actualidad lleva por nombre Jardín de Paz, ostentando éste el título del más antiguo de la región.

Ilustración 1

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Cuando alguno de los habitantes de la hacienda fallecía se procedía con todo un ritual estilo mazateca que comenzaba pintándose una cruz de cal sobre el lugar de la muerte, luego, la comunidad entera se congregaba para dar el último adiós al difunto y participaba del sepelio. Los lugareños eran gente humilde en su mayoría y conservaban muy bien sus tradiciones. Al muerto se le sepultaba al día siguiente, procurando ser a la misma hora en la que murió, excepto cuando la muerte fuera de madrugada y en estos casos se esperaba a que amaneciera y se enterraba al día siguiente. La corte fúnebre era integrada al frente por una carreta, donde los cuerpos eran llevados en cajas de madera, enrollados en petates tejidos para la ocasión o vestidos con una túnica blanca si el muerto era un niño, atrás un puñado de mujeres con sus velos y una banda de música fúnebre que acompañaban con sus melodías todos los actos finales; los hombres casi no participaban en los sepelios, pues mientras se velaba al difunto se quedaban jugando cartas hasta el amanecer.

Ilustración 2

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Los funerales en aquellos tiempos duraban cuarenta días, en los cuales los primeros diez días se dedicaban a rezar y se llevaban flores a la tumba del fallecido, tal como se acostumbra hoy en día. A los veinte días se hacía el mismo ritual y para finalizar a los cuarenta días se levantaba la cruz y se ofrecía una cena, a la vez que se debía borrar la cruz de cal que se pintó el día del fallecimiento. La cena se repetía a los 20, 40 y 47 días de fallecido y de ahí desde el primer hasta los siete años, donde se realizaba por última vez el rito de los nueve días; pues según la ideología mazateca se cree que el alma del ser fallecido descansa hasta los siete años. En caso de que el fallecido fuera una mujer, los periodos de rezo eran de 4, 9, 20 y 27 días, y durante los siete primeros años de su muerte.

 

El nuevo cementerio de Motzorongo.

La hacienda de Motzorongo comenzó a fraccionarse a la muerte del General Carlos A. Pacheco en 1891, por lo que en el naciente siglo XX aparecieron nuevos lugares en la geografía local, destacando entre ellos la fundación de Paraíso La Reforma en 1933 y la expansión de la cabecera municipal a partir de 1931 cuando Tezonapa recibe por parte del municipio de Zongolica una dotación de tierras para su fondo legal, estos hechos fueron un detonante para exigir la creación de un cementerio más cercano dentro de los nuevos límites del poblado, pues los lugareños todavía conservaban la tradición de enterrar a sus deudos en el antiguo cementerio de Presidio, que en aquellos tiempos ya era una comunidad independiente de la vieja hacienda.

Ilustración 3

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Es así, pues, que para el año de 1936, estando Guillermo Rebolledo como Gobernador Interino de Veracruz, se autoriza la creación de un nuevo cementerio. Por cierto, en este mismo año había llegado a Motzorongo el empresario español Ricardo Céspedes García, nacido en Lavín, y decide comprar las acciones de The Motzorongo Company para reabrir el ingenio bajo el nombre de Central Motzorongo tras ocho años de estar cerrada la fábrica desde su quiebra.

Finalmente, a mediados de agosto de aquel año se tenía ya todo listo para la inauguración del nuevo panteón de Motzorongo pero irónicamente solo faltaba un difunto. Así, el destino o la casualidad se hicieron presentes el día 24 de agosto de 1936 cuando fallece la Sra. Eulalia Bonilla, viuda del Sr. Pablo Jiménez, un trabajador de The Motzorongo Company ya fallecido desde hace algunos años. A la muerte de ella quedó inaugurado oficialmente el nuevo cementerio Santa Eulalia, nombrado así en honor a la fallecida quien sería la primera persona sepultada allí. Al funeral se dieron cita varias personas importantes, como los dirigentes del Sindicato, el Comisariado Ejidal, el Agente Municipal, el Sr. Francisco Becerra quien era el nuevo Administrador del ingenio, y algunas otras personas como Abraham M. Hernández, Joaquín Vázquez y Daniel M. Corte.

 

Personajes ilustres en el cementerio.

Desde su inauguración, miles de personas han sido enterradas en el panteón Santa Eulalia. así como se han originado un par de leyendas y otras tantas curiosidades. En este lugar descansan los restos de personajes políticos, profesores, deportistas y amigos que en vida fueron populares y hoy son dignos de recordarse.

Como se comentó anteriormente, la primera persona sepultada en el panteón de Motzorongo se llamó Eulalia Bonilla, fallecida el 24 de agosto de 1936. Curiosamente la gente tiene la creencia de que la cruz gigante de hierro que se encuentra en la loma del panteón pertenece al primer sepultado, sin embargo este monumento se trata de la tumba del oficial Andrés Pérez Artu, un soldado fallecido el día 31 de octubre de 1939. En la base de la cruz aun se puede leer por el reverso el retablo al difunto y por el frente se aprecia la inscripción que cita “La inauguración del panteón el día 24 de agosto de 1936”, quizás por esta razón surge tal controversia.


Entre algunos deportistas destacados podemos encontrar la tumba de Anselmo Ramírez Mejía, o La Sema como lo conocía la mayoría, quien falleció el 19 de diciembre de 2007 a la edad de 74 años; este personaje es ampliamente reconocido por fomentar la lucha libre y el box, quien por muchos años fue aficionado a estos deportes y gracias a él se logró construir un ring que era desarmable en los años 60s. Probablemente el nombre de Ignacio Gómez Santiago no diga mucho, pues este famoso personaje fue más conocido como Chicuelo, era común verlo muy alegre por la loma montado en su inseparable bicicleta, además de ser un excelente portero del torneo de barrios al grito de su famosa frase de ¿Quién marca a quién? y cuyo fanatismo al Cruz Azul logró llevarse a la tumba cuando falleció el 20 de julio de 2012 a los 54 años. Otro deportista un poco más contemporáneo y reconocido regionalmente fue el profesor Jorge Fernando Néquiz Sánchez, fallecido a los 64 años el 24 de agosto de 2012 quién en la cúspide de su trabajo estuvo a punto de ascender con los Azucareros de Tezonapa a la segunda división de futbol profesional, junto a René Olmos; siempre se le veía de buen humor y transmitiendo buenos valores a las nuevas generaciones de deportistas, además que por muchos años fuera un reconocido profesor del Cbtis 101.


Por cierto, hablando de profesores, en este lugar también reposan los restos del profesor más querido de Motzorongo, Roberto Ramírez Ramírez, célebre por transmitir filosofía de vida bajo la premisa del pensamiento taoísta y tristemente fallecido el 13 de noviembre de 2013 a los 73 años víctima de un infarto. En 1965 fue nombrado profesor en la escuela primaria Artículo 123 Patria, a su sepelio pudieron acudir sus innumerables conocidos y exalumnos que educó a lo largo de sus 48 años de docencia.

El panteón no está exento de políticos, o al menos de gente que trató de involucrarse en ella. Por ejemplo, cerca de la entrada del panteón podemos encontrar la tumba de Don Fernando Vázquez González, quien fuera el primer Alcalde Municipal originario de Motzorongo gobernando de 1967 a 1970 y que falleció en 1995 a la edad de 74 años. Muy cerca de ahí podemos encontrar la tumba del ilustre Inocencio Romero Juárez, cobardemente asesinado el 10 de septiembre de 1988, en aquel entonces, Chencho era el candidato por el Partido Mexicano Socialista a la Alcaldía de Tezonapa y se perfilaba como el vencedor; a su muerte, su hijo Gaffet Romero Mendoza le sucedió en la contienda electoral resultando triunfador, convirtiéndose en el segundo Alcalde Municipal oriundo de Motzorongo y el primero de oposición; durante su mandato se logró contar con una carretera pavimentada, construyó el Centro de Salud de Tezonapa, la biblioteca municipal de Motzorongo, gestionó las clínicas del IMSS, la Coplamar de Paraíso, Raya Caracol y Rancho Nuevo; además, durante los últimos años de su vida era entusiasta impulsor de la franquicia de futbol Azucareros de Tezonapa. Trágicamente Gaffet sería asesinado a manos de cuatro sicarios que le cerraron el paso en el tramo de Presidio el 9 de septiembre de 2009 falleciendo a los 42 años. Erick Guzmán Guerrero también fue otro personaje que se inmiscuyó en la política, fue un ciudadano altruista, como emprendedor y empresario fue muy hábil para los negocios; formó parte de la planilla del PRI en Tezonapa para contender por la sindicatura en las elecciones de 2010 en la que finalmente su partido fue derrotado en las urnas; Erick falleció el 19 de junio de 2012 a los 38 años cuando, según la versión oficial de los hechos, sufrió un accidente debido a las malas condiciones climáticas y su auto quedó estampado contra un árbol debido al exceso de velocidad del vehículo.


Algunas otras tumbas son dignas de mencionar, tal es el caso de Cayetano Rojas Soriano, un personaje altruista que casi antes de morir donó junto con otro grupo de personas, los terrenos donde se construiría el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos No. 341, más tarde renombrado a Cbtis No. 101. Don Cayetano fallecería el 24 de febrero de 1975 a la edad de 88 años. Otro caso es el de Manuel Hernández Cruz quien falleció el 26 de noviembre del 2000 a los 72 años, fue un reconocido personaje de los años 60s y 80s que llegó a ser Secretario General, y quien en septiembre de 1986 se encargaría de escribir una monografía relatando la historia sobre la fundación del Sindicato, durante su mandato también inauguró el Campo Deportivo y el Central Social Obrero, así como los parques Luis Calderón y Carlos A. Pacheco estando como Secretario del Interior.

Entre algunas otras curiosidades del panteón se encuentra la tumba de Manuela Aguilar, fallecida en marzo de 1937 y sepultada tan solo siete meses después de la inauguración, por lo que es de las primeras personas enterradas en este lugar. O la tumba de Jacinta Martínez Castillo, quien es la persona más longeva que se encuentra sepultada en el panteón de Motzorongo, nacida en 1879 algunos años antes de que la misma Hacienda de Motzorongo se fundara, Doña Chinta, como cariñosamente se le conocía, probablemente conoció al General Pacheco y sin duda tendría cientos de historias qué contar sobre la fundación del pueblo, pero falleció el 5 de enero de 1990 a los 110 años de edad.


Como todos ellos, existen muchos otros personajes que deberían ser mencionados aquí, pero algunas veces las tumbas se pierden o son víctimas de la delincuencia, en algún tiempo un grupo de gente sin escrúpulos se dedicó a robar las lápidas de cobre, aluminio y bronce de las cruces metálicas y algunas sepulturas siguen irreconocibles, en otros casos las familias de los deudos emigran a otras ciudades o simplemente acaba la descendencia, y también existen los casos en que sepultan a otras personas en el mismo lugar de algún familiar. Pero sin duda el peor enemigo es el tiempo, donde entre el olvido se borran las tumbas de personas ilustres, pero que ya nadie recuerda.

Al final solo una cosa es segura, nadie puede escapar de la muerte. La cesación de la vida es tan segura como la certeza de que la noche sigue al día, el invierno viene después del otoño, y la vejez llega cuando la juventud queda atrás. Estar consciente de la muerte nos permite vivir cada día y cada momento con agradecimiento por la incomparable oportunidad que tenemos de crear algo mientras habitamos este planeta. Para disfrutar de verdadera felicidad debemos vivir cada momento como si fuese el último. El hoy nunca volverá. Podemos hablar del pasado o del futuro, pero la única realidad que tenemos es el momento presente. Confrontar la realidad de la muerte nos permite, de hecho, generar creatividad ilimitada, valor y alegría en cada instante que vivimos.1

 

El presente trabajo sírvase como una muestra de homenaje para este grupo de personas cuyos hechos fueron su mejor herramienta de vida y que al morir escribieron sus nombres con letras de oro para la historia y el desarrollo de Motzorongo, asimismo se extiende nuestro total respeto y admiración por los familiares que pudieran tener al día de hoy. Honor a quien honor merece.

 

Fuentes:

Daniel Corte Guevara: “Monografía de la verdadera fundación de Central Motzorongo”, versión mecanográfica.
https://es.wikipedia.org/wiki/San_Pedro_Ixcatlán
https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=385133505004779&id=233935883457876
1 Fragmento del ensayo “La vida y la muerte” de Daisaku Ikeda publicado en 1998, en la revista de Filipinas Mirror.
Ilustración 1, 2 y 3