Ingenio Central Motzorongo

El asalto al ingenio Central Motzorongo en 1972

El conflicto entre abastecedores de caña e industriales azucareros de los ingenios Motzorongo, Constancia, El Refugio y La Margarita había llegado a su término, con el fallo que emitió la Secretaría de Agricultura y Ganadería en favor de los cañeros; los empresarios se rebelan y desconocen la resolución. Los líderes campesinos deciden negociar y aceptan la mitad de lo que exigían originalmente, con lo cual se da fin a la huelga el 18 de diciembre de 1969.

Asalto al ingenio Central Motzorongo

El acarreo de la caña.

Los cañeros seguían acumulando resentimientos contra las industrias del dulce que acusaban de tener la báscula arreglada para robarles en el peso, y de aplicarles descuentos irregulares, hacerles cobros duplicados y préstamos con intereses leoninos que en su conjunto les arrebatan sus liquidaciones anuales y la mayoría no obtiene un pago justo de su producto.

Por eso, cuando Tomasín y su banda asaltaron el 30 de abril de 1972 a la pagaduría del ingenio Central Motzorongo, miles de campesinos se sintieron vengados, y Tomasín encarnó el personaje del bandido social, generoso con los pobres, pero implacable con los ricos y poderosos o cualquiera que representara la autoridad. Hizo realidad las fantasías de los peones y marginados sociales, al cometer un asalto a sangre y fuego; 850 mil pesos a costa de seis personas masacradas, tres muertos, tres heridos. Pero ante cualquier consideración moral, estaba que el antihéroe había asestado un castigo ejemplar a una empresa explotadora que a pesar de las afectaciones agrarias, conservaba la soberbia de un señorío.

Asalto al ingenio Central Motzorongo

Pagaduría del ingenio Central Motzorongo en aquellos años.

Soldados del ejército mexicano y policías de ambos estados participaron en la persecución, pero los asaltantes lograron fugarse a pesar de haber utilizado como única vía de escape la carretera Cosolapa a El Amate, la única con recubrimiento asfáltico; fue una huida en línea recta, pura audacia de los ladrones y criminales.

Si el asalto al palacio municipal y emboscada al comandante Juan Hernández Campillo había contado con el apoyo de la familia Lozano —según dijo Tomasín en una entrevista—, ya como asaltante, había organizado una banda de la cual era el jefe indiscutible. La familia Lozano estaba al margen de sus actividades como delincuente común.

Antes del publicitado asalto al ingenio Motzorongo, Tomasín había dirigido tres importantes atracos. El 5 de julio de 1971 fue interceptado el camión colector del Banco Nacional de México, cuatro meses después despojaron de la nómina al pagador de la empresa Agroindustrial Plantaciones del Tropicales del Palmar. Y el 4 de enero de 1972, se introdujeron a las oficinas del ingenio El Refugio y se llevaron la pesada caja fuerte, conteniendo 350 mil pesos. La caja la fueron a abrir hasta Puebla, donde después de vaciar su contenido la arrojaron a una laguna.

 

El asalto al ingenio Central Motzorongo fue tan sonado que la policía puso especial cuidado en continuar las investigaciones, logrando esclarecer y detener a cuatro de los nueve asaltantes y recuperar 440 mil pesos. Entre los detenidos se encontraba Mario, el hermano menor de Tomasín.

La policía recibió un “soplo” informando el lugar donde los hampones se habían escondido. Se trataba de una casa del fraccionamiento Mayorazgo en Puebla. Detuvieron a Joel López García, Mario Sánchez Ramos, Andrés Hernández y José Manuel Cisneros Loaiza de 23 años y estudiante de la UNAM. El cabecilla principal Tomás Sánchez Ramos, mejor conocido como Tomasín, se encontraba prófugo.

Asalto al ingenio Central Motzorongo

La búsqueda de Tomasín y sus cómplices por el aire.

Habían escapado del operativo policiaco además de Tomasín, Rogelio Robles Vitorero, Gerardo Flores Osogovia (a) “El Pachón”, Gerardo Gutiérrez Grajales y Gilberto A. Ramos.

Entre los decomisos que hicieron los agentes de la policía fueron tres camionetas. Una Ford modelo 1971 con la que escaparon, una Chevrolet y una Willys, todas repintadas que habían sido robadas con anterioridad al asalto. En Xalapa se reportó el decomiso de una Ford Falcón que la banda también utilizaba para sus atracos.

Tomasín habría de narrar parte de esta historia al periodista Luis E. Reséndiz Téllez al que explicó que el asalto también fue por venganza, al creer que los propietarios de los ingenios pagaron a Campillo para matar a su hermano Gilberto, al que enaltecía: "Mi hermano Beto, se había convertido en líder de los campesinos a quienes las empresas de los ingenios Motzorongo y Constancia robaban no solamente el peso de las cañas, sino también en las cuentas. Siempre les salían con falsas deudas y a muchos les decían que no alcanzaban liquidaciones, sino que todavía quedaban a deber".

Asalto al ingenio Central Motzorongo

Tomás Sánchez Ramos, Tomasín, autor del asalto al ingenio de Motzorongo.

"Mi hermano se cansó de estas injusticias y logró que la gente lo siguiera, cuando se organizó una huelga de abastecedores y evitaron que las cañas entraran a los ingenios, hasta que no se resolvieran los problemas causados por esos descarados robos. Por eso fue que las empresas pagaron a Juan Hernández Campillo para que asesinara a mi hermano y lo hizo, pero poco le duró el gusto".

Y describe cómo huyó de la policía en Puebla: "En el atraco obtuvimos un botín de 850 mil pesos, pero lo perdimos cuando nos cayó la policía, detuvieron a mi hermano Mario, a Rogelio Sánchez, Andrés Hernández, Adrián de la Cruz Joel “El Bolillo”, José Luis Loaiza y a Rubén Rivera. Estos dos últimos salieron libres porque en realidad son inocentes, como mi hermano Mario, que tampoco tuvo que ver en el asalto. Yo me liberé por casualidad y nos metimos en la sierra de Puebla, a pie porque los carros nos los quitaron y así, caminando llegamos ocho días después a El Mirador, casi sin comer y sin dormir, ya que por culpa de nuestras armas y aspecto, la gente se espantaba".

En Puebla, Tomasín perdió al botín, la mitad de sus hombres fueron encarcelados y a su hermano Mario ya nunca lo volvería a ver en vida, además de cuatro rifles, dos de ellos M1.

 
Fuente:

Ibáñez Hernández, Pedro. Dulce guanábana. 1ra. edición. 1994. 20-21p.
Fotografías cortesía de José Luis López Camacho.

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